Into the wild (Sean Penn, 2007) recrea la historia verídica de
Chris McCandless, un chaval norteamericano de familia acomodada que después de licenciarse en la universidad abandonó todas sus posesiones y hasta su identidad para embarcarse en una aventura hacia Alaska.
Bien realizada, bien interpretada, con una emotiva
B.S.O. de
Eddie Vedder, es una buena película, pero sobre todo es una película que me ha hecho pensar bastante sobre ella.
En un primer momento tuve envidia y admiración por
Chris, que valientemente deja atrás lo que seguramente sería una vida fácil e inicia una aventura solitaria hacia la naturaleza salvaje acompañado de las baladas de
Eddie.
Sin embargo a medida que avanzaba la película fui cambiando de opinión, pareciéndome cada vez más antipático e importándome menos lo que le pudiera pasar.
SPOILERS (pequeñitos)
Supertramp (su nombre de vagabundo) supuestamente está asqueado de una sociedad vacía y consumista, y por ello abandona unos padres le quieren (aunque se peleen entre ellos), una hermana que lo idolatra, y aún más, una serie de personas que se va encontrando por el camino que increíblemente (demasiado, diría yo) lo acogen como a un verdadero hijo, llegando incluso a proponerle la adopción en una emotiva escena con Hal Holbrook.
Cuando le llega el momento de lucidez, esta pasando penurias en medio de la nada. Como se suele decir: para este viaje no hacía falta alforjas.
FIN SPOILERSY me pregunto: ¿Quién es más valiente, aquel que abandona todo y a todos para vivir una vida difícil y solitaria pero sin ataduras, o aquel que afronta la vida que le ha tocado vivir y asume su papel en sociedad, también con sus no pocas dificultades?